lunes, 16 de abril de 2012

ETOLOGIA (por Vicente Franch)

Llevo casi dos años y medio escribiendo de lo que yo entiendo como los fundamentos de la Equitación. Y resulta que, siendo sólo una asignatura de la Equitación, dentro de dichos “Fundamentos”, y para que estos sean debidamente inteligibles, aún hay otra asignatura –la Etología- que nos ayuda a aclarar debidamente dichos fundamentos. Y como tengo un buen amigo que sabe de Etología muchísimo más que yo, le he convencido para que nos vaya aportando conocimientos del caballo que a todos nos van a interesar. 
Así pues, cedo la palabra a mi amigo Titín, futuro catedrático en Etología del caballo porque, no sólo es un practicante entusiasta, sino que además dedica muchas horas a la investigación. 

Paz y espero que a todos nos sirva. 

Hola, 
Me llamo Vicente como ya sabéis por la presentación de José Manuel. Llevo estos últimos 10-12 años dedicado al estudio del comportamiento de los caballos, lo que académicamente llamaríamos etología equina. Llegué aquí desde la equitación, al principio buscando fórmulas mágicas para al final encontrarme, como el cura dice, con una asignatura larga por no decir interminable en su aprendizaje. Me pidieron que le diera un nombre, algo que me costó al principio porque no quería entrar en sectarismos ni maneras diferentes, algo que he encontrado demasiado a menudo en estos últimos años y en torno a la etología equina aplicada (para mí hay dos formas de hacer con los caballos: la buena y las que se aproximan a ella y la mala y las que se aproximan a ella). Yo siempre he pensado que la tradición es respetable y tiene saber aunque como todo en el mundo, está ligado a una evolución contínua. En su momento mejoramos la montura, las embocaduras, tomamos conciencia del cuerpo del caballo y ahora la etología nos ofrece tomar conciencia de la mente del caballo, que como todo lo anterior, es un aporte a la continua evolución de la equitación y no una forma distinta. Al final y a pesar de todo, le he puesto nombre a la criatura: relación. Vamos a relacionarnos con un ser de una especie diferente con el que deseamos interactuar. Lo más importante será el conocimiento de este ser, en este caso, los caballos. Aquí es donde debemos puntualizar entre el conocimiento del caballo como tal y las respuestas de los caballos ya humanizados. Todas nos dan información, pero la previa y la que nos va a sentar la base va a ser conocer como es el “espíritu” del caballo, ya que la respuesta humanizada está condicionada al manejo desde la cría hasta la doma. Para entender a nuestros caballos, (que en el mejor de los casos viven en situación de semi-libertad), para saber si realmente sus respuestas son las naturales, tendremos que tener el conocimiento de las respuestas que tengan los caballos no humanizados. Esto solo lo podremos lograr a través de estudios de campo de larga duración. De estos estudios han salido dos conclusiones: unos ven las manadas jerarquizadas con dominantes y sometidos (liderazgo dominante), otros vemos una manada sin un orden social determinante, por supuesto sin sumisión ni dominación. Esto es el liderazgo natural. Este se basa en el conocimiento propio de cada individuo que interactúa en la manada, útil para saber elegir a quién seguir en el único caso en que ellos necesitan ser liderados: peligro por depredadores o por falta de recursos. Por lo leído y observado por los cientos de potros desbravados y los cientos de caballos “resabiados” recuperados, por la experiencia de estos últimos años intentando aplicar estos conocimientos en una pequeña yeguada de prá, he llegado a la conclusión de que evidentemente es el liderazgo natural lo que se impone en los caballos. Para terminar, un ejemplo: imaginad a vuestro perro, imaginad a vuestro hijo o empleado, e imaginad a vuestro caballo, y ahora imaginad que estáis regañando fuertemente a vuestro perro y si la relación es normal, vuestro perro mete su cola entre las piernas, agacha las orejas e incluso se tumbará boca arriba mostrando sumisión ofreciendo su cuerpo. Seguramente con menos exageración será la respuesta de un empleado, o un hijo al que se le regaña. Somos primates. Ahora imaginad gritando y regañando a vuestro caballo en el campo. Podríamos pensar mil anécdotas concretas que se saldrían de lo normal, pero si somos honestos, todos sabemos lo que nuestro caballo haría: se marcharía. Pensad ahora cuántas veces habéis visto cuando un caballo o yegua echa a otro, quedarse y ofrecer su cuerpo. Salvo casos anecdóticos, nunca. Ellos pueden controlar el espacio pero no a los individuos, es su forma de vivir. En la próxima y para los que les haya despertado cierta curiosidad, y con esta presentación por delante, hablaremos de cómo son los caballos, como viven en libertad y qué partes son aprovechables del conocimiento que esta observación nos da. Un saludo.

3 comentarios:

  1. Esperamos con interes los siguentes articulos.
    Saludos de Gabriel.
    http://ggjineteraid.blogspot.com/

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  2. Enhorabuena por el articulo vicente.

    No podemos dominar lo que no conocemos 101 x 100.

    Saludos, Jesus Ochoa.

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