viernes, 6 de mayo de 2016

LOS RESORTES DEL CUELLO



 “La calidad del cuello del caballo depende esencialmente de la dirección de las vértebras cervicales y de su unión con la cabeza y el tronco”
Las uniones de las que habla son las articulaciones de la nuca y la de la base del cuello (la cérvico-torácica)
Esto lo escribió hace casi siglo y medio GUSTAV STEINBRECHT en su “Gimnasio del caballo”, sin poder aportarnos conocimientos de los que hoy poseemos, pero sí que tenía claro el funcionamiento del balancín.  (La edición francesa, de la que me sirvo, es “Le Gymnase du cheval”  de Editions ELBÉ, traducción del Comandant Edouard DUPONT)) 
No pretendo hacer un análisis exhaustivo del cuello, sino ayudar a tomar conciencia de ciertos aspectos a los que no se les ha dado la importancia que sí tienen y que hoy en día, en pleno siglo XXI, ya conocemos
La “S” del cuello es la característica que más distingue al caballo de los demás mamíferos. Tiene cierto parecido al cuello de un ave por las dos curvas que lo forman.  Y esta especial forma de “S”, implica un funcionamiento también muy especial de las articulaciones del cuello. 



JEAN LICART es el primer autor hípico que se preocupó por conocer el funcionamiento correcto del cuello del caballo. Y, para ello, en lugar de limitarse a juzgar de lo que veía  desde fuera –como se venía haciendo desde BAUCHER a L DE SEVY pasando por STEINBRECHT, LEBON, L’HOTTE  y un corto etc- se dedicó a investigar por dentro para conocer correctamente su  mecanismo. Su primer libro fue “Le Cheval Barbe et son Redressage”, publicado en 1928 y en él dedica casi cincuenta páginas a un estudio detallado de la anatomía y fisiología del cuello del caballo. También, a cómo funciona bajo las órdenes de un jinete. Lo descubrí por casualidad en Fonds. Ancienne. Equestre. Info, (de donde se pueden descargar un montón de libros antiguos franceses). Un libro que debió pasar –y sigue pasando- muy desapercibido porque no he leído ninguna referencia acerca del mismo. Me imagino que la jerarquía militar se debió de encargar especialmente de ello a juzgar por el epílogo del libro. Una pena porque como digo, hace un importante estudio del cuello del caballo al salirse de los criterios que se seguían hasta entonces para explicar la doma del caballo.  Absolutamente todos los autores clásicos de la Equitación nos hablan de lo que ven y sienten, pero ninguno se preocupa de estudiar el funcionamiento interno. De  su segundo libro “Equitation Raisonnée” –de pronta publicación en castellano por LETTERA Editorial- dice PHILIPPE  KARL, uno de los autores actuales de mayor renombre mundial: “para el estudio en profundidad de la anatomía y la locomoción del caballo, sin lugar a dudas,  la obra más recomendable  es la del COMANDANTE LICART “Equitación Razonada”. (En esto, poco caso se le ha hecho a KARL)






Este libro, en el que  se hace un estudio detallado de lo que vemos, de lo que no vemos y de sus por qué –insistiendo en la importancia del cuello en la práctica de la Equitación- hace posible para el común de los mortales la recomendación de BAUCHER: “Comencemos pues  su educación (la del caballo) por el acondicionamiento y flexibilidad del cuello, y pronto seremos dueños de las otras partes del cuerpo”. Gracias a LICART sabemos muchísimo más del caballo. Y saber es poder.
Entre la boca del caballo y la mano del jinete está el balancín con las nueve articulaciones que lo forman y que constituyen los resortes que estamos continuamente manejando. LICART  nos habla de tres articulaciones fundamentales: la de la mandíbula    (témporo-mandibular) , la de la nuca (atlanto-occipital) y la de la base del cuello (cérvico-torácica). Las otras seis (las que corresponden de la C1 a la C7) lo son en función de las tres principales. Ver primera figura
En el excelente libro “Conditioning Sport Horses”, la Doctora Hilary M CLAYTON  ( publicado en Sport Horses Publications) nos muestra un cuadro –que adjunto- sobre los movimientos de las articulaciones intervertebrales y que ratifica lo que, más de medio siglo antes, trataba de explicarnos LICART. A falta, lógicamente, del rango de  movimiento de la articulación témporo-mandibular, o sea, de la mandíbula, porque no es una articulación intervertebral; pero sí interesa conocerla por su gran importancia: es uno de los tres resortes importantes del balancín; también conviene recordar que está  muy pocos centímetros por debajo de la articulación de la nuca (y su ángulo máximo de apertura dudo que supere los 15/20 grados). 




Yo creo que este cuadro hay que tenerlo bien presente en nuestra mente a la hora de montar  porque nos ayuda a saber lo que hacemos sobre el balancín del caballo en todo momento. Lógicamente, al principio no nos enteramos de nada. Pero muy poco a poco vamos tomando conciencia de lo que hacemos sobre cada articulación, especialmente sobre las tres más importantes. Y finalmente, al cabo de bastante tiempo, nos diremos: ¡qué fácil es esto! 
Primera constatación: en “flexión y extensión” se ve la gran diferencia de amplitud de movimiento de la nuca respecto de las otras articulaciones: más del doble.
Segunda constatación: las últimas vertebras cervicales también tienen mucha movilidad tanto en flexión y extensión como lateralmente (aunque yo voy a hablar sólo de la flexión y extensión)
Tercera constatación: ¿sabemos dónde están las últimas vértebras cervicales? O, lo que es lo mismo, ¿la articulación cérvico-torácica?   Resulta que esta articulación no la vemos ni la sentimos porque no la podemos tocar; ni ver, claro: está tan hundida entre los omoplatos –espaldas- del caballo, que es muy difícil determinar su situación exacta…… pero que no para de funcionar –seamos conscientes  o no de su existencia-, de eso no cabe la menor duda. Quiere decirse que es tan importante como las otras articulaciones que sí vemos: mandíbula, nuca, incluso la C2/C3, que es por donde se “rompe” el cuello en la hiperflexión. ¿Y por qué está tan hundida la articulación cérvico-torácica? Porque a partir de la primera torácica –la T1-, cada vértebra tiene un huesecito superior –una apófisis- que se va alargando en cada vértebra y que son, finalmente, los que forman la cruz. Aproximadamente de la T4 a la T9, son los huesos  que tocamos de la cruz. Y si no fuera por ellos, difícilmente podríamos montar a caballo. La cruz, entre otras cosas, es la que estabiliza la montura.




La articulación cérvico-torácica ha sido la gran ignorada a lo largo de la Historia y conviene recordarlo.
El  tiro de los carros de la época greco-romana acabó siendo de  cuatro caballos –la famosa cuadriga-  porque por entonces el caballo tiraba de un collar –no era un tiro racional como el de ahora, con el collerón y similares- el cual le hacía invertir el cuello y, al tirar de la tráquea, se asfixiaba. Como la única preocupación era evitar  la asfixia,  resolvieron el problema aumentando el número de caballos, llegando a los cuatro. Pero a la inversión del cuello no le echaron cuenta. Como tampoco se le tuvo en consideración cuando se empezó a montarlo. Esta ignorancia justifica las embocaduras que se utilizaban entonces –verdaderos instrumentos de tortura- porque el caballo se partía por la base del cuello y, en esa posición, resultaba difícil de controlar. En los frisos del Partenón se ven a los caballos con el cuello invertido, incluso las arrugas de la base del cuello. Y FIDIAS podía ser tan preciso esculpiendo como un fotógrafo moderno.





Los datos que he ido aportando ¿qué nos suponen en nuestro día a día a caballo? De momento aclararnos ideas para saber mejor a qué atenernos.
.La nuca nos parece la articulación más importante del balancín por ser la de mayor amplitud de movimiento y, tal vez por ello, es con la que se protege el caballo de las acciones incorrectas del jinete. Montados, hay que tener muy presente que el hecho de no tener voluntad de hacer mal las cosas, no quiere decir que no se hagan. Y para que funcionen correctamente los resortes del balancín del caballo, primero hay que conocerlos. También STEINBRECHT dijo: “Generalmente las mayores faltas se cometen en la manera de trabajar el cuello del caballo”.  Cuando a un caballo lo que se le pide no corresponde a un gesto confortable y económico, él se protege a través, o desde, la nuca por ser la articulación de mayor amplitud de movimiento. Es lo que vemos a diario con la tan manida hiperflexión o rollkur: la sensación de control es enorme –menuda llave de jiujitsu se le aplica al pobre caballo- pero el que lo sufre es el propio animal ya que sus gestos dejan de ser confortables y en absoluto económicos, porque la ergonomía desaparece. Le queda el protegerse de esta masacre a través de su nuca.
¿Cómo se corrige este desaguisado? En primer lugar tomando conciencia de las tres articulaciones que estamos manejando continuamente. La intuición, propia de algunos jinetes privilegiados, hay algunos momentos en que falla. Cuando falla la intuición, la ciencia ayuda a buscar la mejor solución y salir del atasco.
Dice LICART sobre los resortes del cuello en su libro “Dressage”:
“Es la palanca articulada y elástica del cuello la que permite al caballista controlar las fuerzas del caballo y su masa entera por medio de acciones mínimas”  (que nadie lo vea pero que el caballo lo sienta). “Pero esto sólo es posible cuando todos los resortes están convenientemente dispuestos y elásticos” “Los resortes de la máquina animal son como todos los resortes: sólo se les debe comprimir para dejarles explotar luego. Demasiado comprimidos o demasiado tiempo en compresión, le harán perder su cualidad de resorte, su elasticidad”  
Seguiré el análisis del cuello
Paz y espero que le sirva a alguien    
                                                                                                                                                                                                                                                          



lunes, 11 de abril de 2016

ENVIAR A LA MANO.... Y RECIBIR EN LA MANO.



Abundando en la entrada anterior de este blog, nos permitimos añadir algún apunte sobre qué y cómo hacer para recibir en la mano lo que a ella hemos enviado.

Decimos “enviar a la mano” para expresar que en la rienda debe predominar el apoyo que la boca del caballo hace en la mano del jinete, sobre el contacto que la mano del jinete hace en la boca del caballo. Mediante la impulsión (que es el deseo continuado n el tiempo que tiene el caballo de ir hacia adelante – impulsión no es escapada o huida que son de por sí inconstantes e inconsistentes), y como resultado de ella, es el caballo el que busca la mano del jinete como referencia para orientar su propio avance en equilibrio. Pero eso no quiere decir que el caballo “pese en la mano del jinete” haciendo una fuerza no proporcionada a la velocidad del desplazamiento o al trabajo que en ese instante se le esté pidiendo: (Obviamente, no será igual el apoyo del caballo en una espalda adentro al paso que el que pueda haber justo dos trancos antes de una triple barra  de 1,50 m de alto, o en un arreón propio de la doma vaquera, pero el caballo no debe pesar a la mano en ninguna circunstancia).

En este punto es importante aclarar la diferencia entre “pesar a la mano” y “tirar de la mano” .  Decimos que el caballo “pesa en la mano” del jinete cuando se desequilibra, echando su peso en las espaldas, su andar se precipita, y da la sensación de que corre más, mientras “saca” sus pies que no entran debajo de su masa. Esto ocurre cuando el avance se origina porque desplaza su centro de gravedad hacia adelante, haciendo hacer sobre los anteriores mayor peso que sobre los posteriores (desequilibrio fisiológico). Por el contrario, un caballo “tira de la mano” porque remete los pies debajo de la masa y empuja hacia adelante “con impulsión” y repartiendo el peso de su cuerpo por igual entre los cuatro remos.

Si impulsión es el “deseo continuado de ir hacia delante”, para que esto se convierta en un avance en equilibrio debe haber progresión que es lo que permite que la energía generada por los posteriores pase de forma controlada por todo el cuerpo bien dispuesto del caballo (tanto en posición, como en flexibilidad), de forma que se produzca un aumento del remetimiento de los posteriores y la elevación del tercio anterior que lleva a un contacto suave y a una tendencia del caballo a mantenerse suspendido en el aire más tiempo. Conseguir progresión requiere un proceso lento de aprendizaje.

Una prueba para saber si el caballo lleva el apoyo correcto es aflojar (relajar la tensión con la que resistimos el apoyo del caballo, y no soltar, ni cambiar la posición o el ángulo con la boca del caballo porque abrimos el codo extendiendo los brazos hacia adelante) una – y sólo una- cualquiera de las riendas durante unos 2 ó 3 de segundos[1]. Si el caballo no cambia la postura de su cabeza y cuello, ni el ritmo, ni la trayectoria, ni la velocidad del trabajo que está haciendo y su equilibrio se mantiene igual por un par de trancos, entonces estamos enviando a la mano y el caballo no “pesa en la mano” y no necesita la mano del jinete como soporte de su equilibrio porque “se aguanta solo”. Es muy bueno hacer esta comprobación con frecuencia para asegurarnos de que nuestro trabajo no esconde defectos. Y esto puede hacerse incluso al atacar un salto no excesivamente grande.

En líneas generales, las que “envían al caballo a la mano” son, al principio, las piernas del jinete. Con ellas generamos la impulsión  necesaria para tener el apoyo deseado. Hasta que se convierte en un deseo constante[2].

Ya hemos enviado al caballo en la mano,  y ahora ¿qué hacemos con él?

Pues hay que “recibirlo” correctamente. Si no, se pierde el trabajo, la impulsión y la  confianza del caballo. Es cuestión de “mantener el caballo entre la pierna y la mano”, y que de ahí no se nos salga nunca. Si se me sale por detrás de la pierna es que el centro de gravedad del jinete está por delante del del caballo,  y éste  ha perdido la impulsión (siento que mi caballo está por detrás de mí, es decir, detrás de la mano). Si se me sale por delante, el centro de gravedad del caballo está muy por delante del del jinete y éste no es capaz de retener a su montura porque el caballo se ha dejado caer sobre las espaldas, siendo el ejemplo extremo de esto el caballo desbocado.

A continuación sugerimos varias consideraciones de cómo nuestra mano ha de recibir el apoyo del caballo:
            1.- La mano recibe y soporta el apoyo del caballo, de forma proporcional y acompasada al trabajo que se esté haciendo y a la actitud del caballo:

                        a) el jinete no ha de tirar de las riendas hacia atrás (no usa nunca sus bíceps) agrediendo  la mandíbula del caballo y, sobre todo, encogiendo el cuello (y por ende, a todo el caballo);
                        b)- pero tampoco ha de ser una mano en exceso blanda ni que el codo que se abra con mucha facilidad –en absoluto elástico-, permitiendo que el caballo arrastre el brazo del jinete, tirando y escapándose de la mano del jinete hacia adelante o hacia abajo.

            2.- La mano ha de ser estable, lo cual no implica que sea inmóvil, sino que no da tirones ni retrocede bruscamente hacia atrás, en ambos casos porque usa incorrectamente el bíceps. Esto es importante cuando el apoyo del caballo no es constante, y de repente el caballo suelta y deja de tensar la rienda: por el principio de acción-reacción,  si el jinete no afloja a su vez igual de rápido, su mano se irá hacia atrás buscando de nuevo el contacto, castigando sin quererlo al caballo en la boca y encogiendo el cuello (lo que reafirmará la respuesta del caballo de huir de la mano y evitar cada vez más apoyarse en ella, alimentando un círculo vicioso).
Si el caballo de repente afloja y suelta el bocado, la mano ha de aflojar, relajando los dedos y los brazos (relajar, pero nunca abrir el codo) igual de rápido y quedarse en su sitio sin retroceder, para volver a resistir cuanto sea necesario si el caballo retoma el apoyo. Así el caballo aprende que la mano del jinete está siempre alerta en el mismo sitio, exigiendo su apoyo pero no castigándole. El apoyo se recupera con un apretón de piernas que ha de ser más bien rápido que fuerte (la inmediatez y el sorprender al caballo es más importante que apretar las piernas muy fuerte).

            3.- La mano ha de ser firme llevando al caballo a la postura de cabeza y cuello que quiere el jinete en función del trabajo que se esté realizando. Esta firmeza no se consigue poniendo rígido el brazo no haciendo fuerza con la mano. Sino colocándola donde le corresponde. Si quiero mayor reunión y acortar el aire, la mano ha de elevarse verticalmente lo justo; si quiero alargar la mano desciende y avanza en dirección a la boca del caballo lo justo.

Es muy importante en este punto (al igual que en el anterior) mantener siempre el codo elástico (ni rígido, ni flojo) sobre todo cuando la mano está resistiendo con fuerza un exceso de apoyo.
Si el codo se pone rígido, se bloquea todo el brazo desde la muñeca al hombro y así se transmiten las sacudidas del busto a la boca del caballo a través de las riendas (inconscientemente), y la mano no podrá reaccionar lo suficientemente rápido cuando el caballo afloje, resultando en un tirón hacia atrás que castiga al caballo en la mandíbula. Pero también si el codo está demasiado flojo y flexible, se abre sin ton ni son, perjudicando al caballo de igual modo.

            4.- Es mecánicamente imposible que el caballo tire de las riendas hacia adelante si se le eleva la nuca y se le pone su cuello cerca de la vertical. Cuanto más cerca de la vertical menor es la fuerza que siente el jinete en su mano. Cuanto más baja la cabeza, más puede tirar de las riendas hacia adelante y hacia abajo, y ganar la mano del jinete.
Por tanto, el mejor ejercicio que hay para que el caballo termine manteniendo un apoyo constante -respetando siempre la mano del jinete- es de alargar y cortar alternativa y progresivamente (a cualquier aire) elevando la mano (sin tirar hacia atrás de las riendas que pondría el cuello del caballo al revés, invirtiéndolo y hundiendo la cruz) para acortar, y después desplazar de nuevo la mano progresivamente hacia abajo y hacia adelante en dirección de la boca del caballo para alargar. Todo esto siempre sin que las riendas resbalen por entre los dedos, sino tomándolas siempre en el mismo punto: así la cabeza del caballo ha de seguir al pie de la letra lo que le indica la mano del jinete. Todos los caballos aprenden este ejercicio con mucha facilidad y rapidez y que es ideal para mejorar su boca y su equilibrio cualquiera que sea la disciplina que se practique.


Podríamos seguir abundando en cómo ha de trabajar la mano bien educada del jinete, pero no queremos extendernos demasiado. Hay mucho que añadir a lo que aquí se propone y expone. ... De todos modos, no sea el lector tímido, y cualquier comentario que pueda enriquecer lo aquí dicho, nos enseñará a todos.

Ocurrencias Hípicas, enero de 2016


Fernando Morote Ibarrola

María Rodríguez Sánchez


[1]    Si avanzamos en línea recta, se puede aflojar cualquiera de las 2 riendas. Si avanzamos en curva, la que se debe aflojar es la rienda interior.
[2]          El grado de doma de un caballo está más en consonancia con esta idea, que con la de un caballo que realiza muchos ejercicios o figuras más o menos geométricas a base de patadas y desequilibrio fisiológico.

jueves, 3 de marzo de 2016

CUELLO Y CABEZA, BALANCÍN DEL CABALLO




Hace siete años escribía sobre “la cabeza y columna vertebral como origen del movimiento”. En ellos, lógicamente, explicaba el papel tan importante del cuello y la cabeza del caballo tanto en su locomoción como en la conducción por parte del jinete.
¿Por qué insistir sobre ello? Han pasado unos cuantos años  y cada vez soy más consciente de la importancia del balancín en la Equitación ¡y lo poco que se sabe de él!
La palabra “balancín” a mí me resulta familiar desde mi más tierna infancia. Los caballistas de entonces –mediados del siglo pasado- solían hablar del balancín cuando se referían al cuello y cabeza del caballo (sobre todo cuando se hablaba de su manejo). Hoy, tal vez, muchos aficionados –incluso apasionados- del caballo, no sepan  qué quiere decir.
¿Por qué se le llamaba balancín? Porque  se le considera el segmento equilibrador más importante   del caballo. De la misma manera que el balancín de los felinos es su cola: su posición correcta les facilita la carrera.
¿Realmente es el elemento equilibrador más importante del cuerpo del caballo? Cuando hablamos de Equitación yo creo que tan importante para el equilibrio del conjunto caballo/jinete es el balancín cuello/cabeza como las cuatro extremidades del caballo. Aún cuando no perdamos el equilibrio por ir sobre cuatro patas. Pero sí ocurre que todo movimiento específico requiere una distribución del peso  sobre cada pata y en cada momento. Para entendernos: es como ir en un monopatín de cuatro ruedas: según qué quiera hacer, tendré que saber cómo distribuir mi peso sobre cada rueda y en el momento oportuno. Ese control –conocimiento- de echar el peso sobre una u otra rueda, es lo que nos permitirá hacer los ejercicios pensados. (Y como decía San Sócrates, saber y obrar no son la misma cosa). Insisto, yo hablo –escribo- desde el punto de vista de la Equitación, o sea, el caballo montado por el caballista. De la relación pie a tierra persona-caballo lo exponen mucho mejor que yo mis amigos Lucy Rees, Vicente Franch, Edgar Guerrero, Marco Barba,  etc (algunas cosas montadas también las hacen mejor que yo ¡pero no todas!). Del control del equilibrio por medio del balancín o de las patas del caballo, hablaré –y lo justificaré- en próxima entrada.
¿Por qué es tan importante el balancín del caballo? Empiezo por lo que salta a la vista. Son cosas obvias, y de tan obvias que no reflexionamos sobre ellas ¡con lo importantes que son!
1 La primera es la gran diferencia que hay entre el cuello del caballo y el del resto de los mamíferos. Conviene aclarar  que es el único segmento de la columna vertebral cuyo número de vértebras es común para  los mamíferos: todos tenemos siete vértebras cervicales. Excepciones que confirman la regla: manatí y perezoso. (Esta aclaración se la debo a mi alumno Miguel de G., biólogo y veterinario. Gracias Michel)


2 Es el cuello más deformable. Los cuellos de los mamíferos domésticos, apenas si les cambia a lo largo de su vida.  El cuello del caballo puede cambiar en segundos en razón de la calidad del jinete que lo monte


3 Relación posición del cuello y amplitud del tranco (importante ser consciente de ella y respetarla). Tema a desarrollar

4 Es el único cuello extensible de verdad. El camello y el dromedario, enderezan el cuello, pero prácticamente no lo estiran: El caballo sí. El largo de riendas casi se duplica entre posiciones extremas, pero correctas, del balancín. Porque los músculos –sobre todo los dorsales- del cuello del caballo se estiran mucho; en cambio, los del camello, muy poco. Como nosotros cuando hablamos de alargar el brazo: es más resultado de acción de articulaciones –codo y hombro- que muscular 


5 El balancín cuello-cabeza del caballo está en voladizo respecto de su cuerpo, que se halla apoyado sobre sus cuatro patas. Cuello a menudo en posición horizontal con un pedazo de cabeza desproporcionadamente grande  -aunque estemos acostumbrados a ello y, tanto para el caballo como para nosotros, nos resulte normal-.  Esta conformación particular del caballo crea, físicamente (o mecánicamente), un momento de la fuerza considerable. (Jose María Vazquez Goyoaga es el único al que he leído sobre este punto tan importante).  Como de lo que trato en este artículo es de cosas obvias, voy a comparar con el cuello de la jirafa y del camello. Tanto una como el otro pesan en torno a la tonelada y media, o sea, casi tres veces un caballo normal. Aproximadamente.
El cuello de la jirafa es muy largo;  muy ancho en la base, se va afinando hacia arriba hasta llegar a la cabeza que es desproporcionadamente pequeña: si la masa corporal es casi tres veces la del caballo, en cambio, la cabeza es casi la mitad. ¿Y cuál es la posición normal del cuello? Muy cerca de la vertical, luego el momento de la fuerza es muy pequeño.


El cuello del camello también es largo pero tiene forma de “L”. La rama horizontal es muy corta pero muy masiva, y la vertical es más larga y mucho menos masiva. Al final del cuello, una cabeza bastante más pequeña que la del caballo. Conclusión: momento de la fuerza muy pequeño también. Y como decía antes, el cuello se endereza pero no se estira
¿En qué consiste el momento de la fuerza? Voy a poner tres ejemplos  casi diría de nuestra vida cotidiana para poderlo entender (prácticamente lo mismo que hicieron conmigo cuando empecé a plantearme esta cuestión).
1º: Balanza romana: Antes de la electrónica era la báscula ideal para pesar por su fácil manejo. Prácticamente ya desaparecida. De un lado del punto de aplicación /sujeción, y muy próximo a él, se colgaba el saco de cebada que se quería pesar (era lo que más veía entonces) y sobre la varilla larga y con marcas se deslizaba una pieza de metal que pesaba menos de un kilo hasta equilibrarse con el peso del saco. Una pieza de un  kilo muy separada del punto de aplicación iguala los 50 del otro lado
2º ejemplo: no es lo mismo cerrar –o abrir- una puerta empujando cerca de los goznes de sujeción que del otro extremo de la puerta. Por eso las manivelas siempre las ponen en el otro extremo de los goznes: movemos la puerta con el mínimo esfuerzo
3º ejemplo y para mí el más hípico. En muchas hípicas se barren los pasillos con unos cepillos de madera que abarcan bastante espacio: el cepillo en sí mide un metro, y en el centro una barra redonda ensamblada perpendicularmente,  con la que lo arrastramos para barrer. Si lo ponemos horizontal  sujetándole a un metro de lo que es el cepillo, sufriremos para aguantarlo. En cambio, si lo ponemos vertical (cepillo arriba o cepillo abajo, pero la barra que lo sujeta  vertical), podremos aguantarle mucho tiempo. Porque hemos reducido a cero el momento de la fuerza.
Otro ejemplo casero y también hípico. Que además, podemos comprobar sin ser vistos ni tachados de nada. El mocho (fregona) bien empapado de agua (si se envuelve con una bolsa de plástico no chorreará el agua). Lo ponemos en posición horizontal  y luego vertical. Y tomamos nota de ambas por la sensación de nuestros brazos. Y luego podemos dar unos saltitos en ambas posiciones. Y también notaremos la diferencia. Y sigue siendo el mismo mocho, que pesa lo mismo (a condición de meterlo en la bolsa de plástico). Pero cambia muchísimo de llevarlo de una manera a otra. ¿Por qué? Por el momento de la fuerza
Esto es, aproximadamente, lo que siente el caballo según la posición de su balancín, o sea, de su cuello y cabeza.
También hay otras especificidades del balancín del caballo que no son tan obvias. Y el primero que nos lo mostró fué LICART (o San LICART). Pena la poca cuenta que se le echa cuando  es, sin lugar a dudas, el que nos ha enseñado el camino para conocer de verdad al caballo con una visión totalmente moderna y revolucionaria. Como debe ser.  El San SÓCRATES de la Equitación (a San SOCRATES lo condenaron a beber cicuta por cuestionar los dogmas de su época. San LICART, sumido en la ignorancia) . Casi me atrevería a decir que es el Nuevo Testamento de la Equitación. 
Lo no obvio:
.- La “S” de las vértebras cervicales. Ningún otro mamífero  se le parece ni remotamente.  Es lo que le permite, principalmente, estirar  --y NO enderezar—el cuello. Y encogerlo, según la posición de una u otra curva de la “S”. La silueta que vemos del mismo puede cambiar radicalmente en segundos: pasar de un cuello redondo a invertido y viceversa. Porque la musculatura del cuello es la que cambia radicalmente. 


2º.-El papel del ligamento nucal + supraespinoso. Importantísimo tanto para el caballo en libertad como montado. Es el único animal que tiene la misma sinergia cuello/riñones que nosotros los humanos. Ni perros, ni gatos, ni toros, ni….  Los únicos mamíferos capaces de enroscar el dorso como nosotros y los caballos, son la ballena y el delfín. Pero ni tienen cuello ni patas (según SLIJPERS).


3º.- Papel de las nueve articulaciones del balancín, que no corresponden a lo que normalmente se dice o escribe. Cuando los seguidores de la dogmática HDV12 se preocupen de estudiarlas  --como al ligamento nucal, y más--, seguro que entenderán mejor al caballo. Una cosa es lo que nos imaginamos –o se sabía del caballo hace 100 años- y otra muy distinta lo que ya vamos sabiendo de lo que siente el caballo. Que es lo que realmente, creo,  debe interesar a todo caballista que se precie…..
.- Detalles de fisiología, mecánica, incluso sicología, a los que antes no les dábamos mayor importancia y que hoy sabemos que son importantes para los caballos. Porque ellos lo sienten o lo sufren . Es cuestión de empatía y respeto al caballo. Habrá que  buscar en todo momento el gesto confortable y económico, luego ergonómico, del caballo. En esto consiste su verdadero bienestar.
En sucesivas lecciones iré desarrollando los distintos puntos y sus por qué.

Paz y espero que le sirva a alguien

jueves, 14 de enero de 2016

MANO EXTERIOR Y MANO INTERIOR



Esta es mi cuarta reflexión sobre la mano del caballista. Y no creo que sea la última.

El origen de todas ellas es, como dice JEAN LICART, aprender a sustituir los reflejos de  peatón que incitan a agarrarse y tirar de las riendas, por los reflejos del caballista, que son totalmente contrarios, los cuales se consiguen por educación y la consiguiente práctica. Saber primero y saber hacer a continuación.

 Lo escrito hasta ahora se refería a la acción simultánea de ambas manos. Hoy voy a explicar el por qué de la importancia de distinguir la acción de cada mano. El origen está en la diferencia de movimientos de un lado y otro del caballo, es decir, de la asimetría de movimientos. ¿Esto cuando ocurre? En dos ocasiones fundamentalmente:

1ª Cuando trabajamos en pista en donde se está girando continuamente

  Al galope siempre porque es el único aire asimétrico del caballo (paso y trote son aires simétricos)

Que yo recuerde, los primeros que citan  la rienda exterior son los americanos hace poco más de un tercio de siglo cuando hablaban de pierna interior y rienda exterior. Y una de las pioneras fue Anne KURSINSKI. La escuela francesa,  mucho antes, ya hablaba de la rienda de oposición –o diversas riendas de oposición- y sus efectos sobre el caballo (del que más aprendí, del Comandante Des SALINS. Sobre todo aprendí a utilizar la rienda contraria de oposición) Pero en ningún caso se habla de los por qué ni de los distintos comportamientos de cada mano o, mejor dicho, de cada brazo. Y para entenderlo mejor nos ponemos en una situación similar a lo que va a ocurrir con el caballo. Es cuestión de imaginación. 

Así pues nos imaginamos caminando sobre un círculo – más correctamente, una circunferencia- de unos diez metros de diámetro y una persona detrás de nosotros aguantándonos de los hombros, como si le tuviéramos que llevar. 

Primera constatación: al girar en corto, y teniendo que hacer fuerza, nos damos cuenta de que nuestro gesto confortable y económico hace que con el pie de dentro nos aguantemos y con el pie de fuera empujemos. Como somos nosotros los que lo hacemos es muy fácil tomar conciencia de ello y comprobar, repito, que el pie de dentro es con el que nos aguantamos y con el pie de fuera empujamos.
Segunda constatación: Cuando tenemos que tirar de una persona que nos sujeta con sus manos de nuestros hombros, pueden ocurrir dos casos extremos: que nos aguante de nuestro hombro exterior con su mano también exterior, o de nuestro hombro interior con su mano interior. Y aquí es donde notamos una diferencia abismal. 

Si nos aguanta con la mano exterior, nos obliga a empujar más con el pie exterior, pero seguimos el trazado de la circunferencia.

En cambio, si nos aguanta con la mano interior nos vemos obligados a empujar con el pie interior cuya misión es aguantar pero no empujar. Conclusión, acabamos girando sobre nosotros mismos. Imposible seguir el trazado de la circunferencia prevista.

Exactamente es lo que siente el caballo según le aguantemos, en una vuelta o al galope, con una mano o con otra. Y, desde luego, nosotros caballistas no podemos sentir lo mismo. Pero si lo sabemos, seremos conscientes de que cuando nos agarramos de la rienda de dentro en una vuelta nos estamos engañando. (Los buenos vaqueros lo tienen claro y no se engañan)

Dificultad añadida: instintivamente utilizamos la rienda de dentro sistemáticamente. Ya lo decía LICART.

Paz y espero que le sirva a alguien

viernes, 8 de enero de 2016

Número 3 de 0Puntos

En el que se hace un repaso al pasado Campeonato de España, se analiza la técnica de Michael Jung y se examina cómo ha sentado el paso del tiempo a la Escala de Entrenamiento Alemana.